Corredor versus Gerente de Riesgos ¿Figuras antagónicas o complementarias?

Corredor versus Gerente de Riesgos ¿Figuras antagónicas o complementarias?

El Corredor ha jugado tradicionalmente un papel importante como intermediario entre el asegurador y el Gerente de Riesgos (o responsable de riesgos). Pero, ¿Se trata de figuras antagónicas o complementarias?

Aunque en ocasiones, sin darse cuenta, el corredor coloque al responsable de riesgos en una posición secundaria, ambos son figuras complementarias. Se trata de un reto que las dos partes deben superar. El camino adecuado para lograrlo se encuentra en la delimitación de las responsabilidades del Corredor y del Gerente de Riesgos, teniendo en consideración las fortalezas de ambos.

Por un lado, el Gerente de Riesgos deberá asumir el papel imprescindible que debe jugar el Corredor en los procesos de negociación con el asegurador. Por lo tanto, el Gerente de Riesgos deberá pedirle al Corredor que le informe de manera clara cuál será la estructura de la colocación, indicando el grado de solvencia del mercado elegido, así como las “incoherencias” o huecos derivados de las diferentes colocaciones, con respecto a la cobertura primaria. Sin olvidar el conocimiento exacto de las características técnicas y del precio “transparente” de las retrocesiones en el caso que el corredor haya dirigido estas. Por último, el Corredor deberá informar de la estructura de costes y del servicio prestado al cliente.

Por otro lado, el Corredor debe “hacerse fuerte” y responsabilizarse de la ejecución del diseño elaborado con carácter previo a la colocación del riesgo conjuntamente con su cliente, siendo este aspecto un PRINCIPIO que deberá guiar su trabajo hasta culminarlo. Cualquier variación deberá ser comunicada fehacientemente al Gerente de Riesgos en todos sus términos y en tiempo real. El corredor deberá asumir la cultura de su cliente y no imponer la de su propia organización, ofreciendo un alto nivel de empatía con las formas de trabajo de su cliente y adaptarse a ellas.

Finalmente, el Gerente de Riesgos tendrá que evolucionar desde una posición de “comodidad” a otra forma de gestionar los riesgos de acuerdo a la realidad que le rodea (el endurecimiento del mercado y los nuevos riesgos). Esto exigirá un compromiso permanente, que facilite la comunicación entre las áreas internas de la empresa para mejorar la información necesaria que exigen los mercados, optimizando la colocación y financiación de los programas de seguros corporativos.

El Corredor profesional y el Gerente de Riesgos, deberán formar una piña con un objetivo concreto: lograr la eficiencia y el éxito en su trabajo. Esto debe lograrse gracias a la transparencia y a la profesionalidad de las dos partes, donde sin duda y dada la situación de extrema dureza de los Mercados, se deberán hacer renuncias por ambas partes, evitando una espiral de subida de costes desproporcionada y muchas veces sin justificación estadística.