Javier Navas Olóriz- Director General de IGREA
- Conceptos
Las renovaciones anuales de nuestras pólizas de seguros corporativas las solemos calificar habitualmente como complejas.
Todos sabemos que hay muchas variables a cuantificar, y entre ellas se encuentra la situación de nuestro interlocutor en el mercado de seguros, que influirá de forma clara en el éxito o fracaso de una negociación.
Es verdad que el mercado no lo podemos manejar, tiene sus propios ritmos y está muy influenciado por la siniestralidad global, por catástrofes y siniestros de la naturaleza para el caso de riesgos globales, también por el perfil de nuestros riesgos, por los tipos de interés y por supuesto por la entrada de nuevos actores en caso de haber un mercado en expansión que puede atraer a nuevos capitales.
La siniestralidad propia o sectorial puede ser una ventaja que se puede aprovechar en nuestro favor, pero hay que entender la estadística y la contabilidad de las aseguradoras para mejorar nuestra posición de partida.
El ramo de autos para el caso de flotas de autos, camiones o vehículos en general, puede ser un buen ejemplo de lo afirmado anteriormente.
Veamos:
La renovación se suele plantear por parte de nuestro asegurador, poniendo encima de la mesa variables como es la siniestralidad total anual o la histórica, aspecto que los Gerentes de Riesgos tienen que admitir como variable importante a la hora de fijar el precio del siguiente ejercicio.
No obstante, la siniestralidad que se nos enseña tiene algunos matices que hay que estudiar, ya que dicha siniestralidad está compuesta de varios factores, y entre ellos se encuentran el importe de los Siniestros Pagados en el Ejercicio, más el importe de la reserva de siniestros pendientes de liquidación o pago del presente ejercicio, menos la reserva de siniestros pendientes de liquidación o pago del ejercicio anterior y la reserva de siniestros ocurridos y no comunicados.
Si nos centramos por tanto en la reserva de siniestros de liquidación o pago, sabemos que la cantidad que incluye representa el importe “técnico” que las aseguradoras inmovilizan para cubrir el coste estimado de los siniestros reportados y notificados, pero no pagados ni totalmente liquidados a la fecha del CIERRE del ejercicio.
2. Proceso de valoración de cara a la renovación.
Por lo tanto:
Reserva de siniestros de liquidación o pago = (Importe definitivo de los siniestros de tramitación terminada, pendientes de pago + Importe presunto o estimado de los siniestros en tramitación) – Pagos efectuados a cuenta de los siniestros comprendidos en los anteriores conceptos.
Con sólo una sola mirada, se puede apreciar entre los componentes anteriores una variable “caprichosa” al tener la característica de presunta o estimada, y esta debe ser por tanto la variable a analizar juntamente con nuestro Asegurador de la flota de vehículos.
Del análisis conjunto de la reserva de liquidación o pago entre tomador y asegurador, se puede llegar a establecer un ajuste (sobre todo si falta información), que no sea excesivo para nuestro asegurador, ya que influye en el precio final de la renovación.
Nuestro objetivo será determinar más objetivamente el precio final de renovación de nuestra póliza corporativa de vehículos para adaptarnos o mejorar nuestro presupuesto anual a través del importe de los siniestros en tramitación o pago, además de disponer de la siniestralidad real.
